Había papeles regados por todo el escritorio, la computadora seguía encendida y la alarma comenzó a sonar. Elías se despertó y en un rápido movimiento tomó su portafolio y salió de su departamento camino a la universidad.
Al llegar a la universidad se dirigió a su salón de clases sin evitar oír una conversación:
-Pobre profesor, desde lo de Liz no es el mismo-
-Si, está empeñado en que está con vida…pobre-
Sus ojos se llenaron de lágrimas pero ninguna se derramó, simplemente apresuró el paso, esperando llegar más rápido a su clase. Después de la clase estaba listo para regresar a su vida cuando una alumna se acercó a su escritorio:
-¿P-profesor?- dijo temblorosa- no sé si me recuerda-
-Claro que te recuerdo Ela – dijo con una sonrisa forzada – eres una de las mejores amigas de Liz…- hizo una pausa reflexiva.
-S..sí – dijo Ela aún temblorosa – Sólo quiero decirle que yo le creo, que también siento que Liz está viva – Elías la miró asombrado – y aunque ha pasado mucho tiempo le quiero ofrecer mi ayuda para encontrarla ¿Puedo saber qué es lo que busca? –
- Supongo que sí…eres amiga de Liz, acompáñame al departamento y te enseño-
- Am… ¿profesor? ¿Por qué aún habla de Liz en tiempo presente?
- Porque sé que esta aquí, sólo que no sé dónde está…-
Al llegar al departamento, Ela se sorprendió al ver la cantidad de papeles tirados por todas partes.
-¿Esto es su investigación? Definitivamente necesita ayuda- dijo Ela en tono burlón – Am… perdone, creo que no debí…- dijo apenada.
- Para nada- dijo Elías sonriente – En verdad tienes razón, necesito ayuda, antes era Liz la que…-suspiró
-En verdad la extraña mucho ¿cierto?
- Sí…más de lo que imaginas…-
- No se preocupe, le ayudaré a buscarla, sólo dígame cómo-
- Antes que nada no me hables más de usted, háblame de tú y dime Elías, no profesor…si en verdad quieres ayudar no necesito una alumna…necesito una amiga…- agregó una pequeña sonrisa al final de su oración.
- Eh…Está bien…Elías- dijo un poco apenada Ela.
-Muy bien, ahora necesito enseñarte algo- caminó hacia su escritorio y de un cajón sacó un sobre color amarillo con notas por todas partes- cuando Liz desapareció en el cuarto encontré esta nota y otras hojas en el piso…como si hubiera estado buscando algo, cuando le enseñé la nota a su madre no dejó de llorar y entonces pensaron que se había suicidado por que no le dieron consentimiento para casarse conmigo…-hizo una breve pausa y una lágrima rodó por su mejilla, Ela colocó su mano en el hombro de Elías a manera de consuelo- al principio creí lo mismo, después no lo quise aceptar y al último pensé en ella, ella habría hecho lo que fuera menos matarse, nuestro amor es más grande que eso…nos habríamos fugado…no lo sé…-
- Lo sé, yo tampoco creo que se haya suicidado…se iba a escapar contigo, ése era su plan, me lo contó, por eso no se me hizo raro que desapareciera…hasta que te vi a ti…pero después recordé…-hizo una pausa que Elías corto desesperadamente.
-¿Qué recordaste?-
-Que días antes Liz estaba rara, algo empezó a cambiar, de pronto la noté muy nerviosa, muy distraída, como si ocultara algo…-
-Yo también la noté rara pero no le di mucha importancia por que siempre me decía si algo andaba mal y pues…entre nosotros todo era…perfecto-
-¿Puedo leer la nota?- preguntó Elia tratando de cambiar el tema
-Si, de hecho, era lo que te iba a mostrar- dijo Elías rápidamente, como un golpe de realidad.
Ela leyó la nota con rapidez pero sin evitar derramar una lágrima.
-¿Dices que encontraste otras hojas en el piso?
-Si, y por esas hojas supe que no estaba muerta, en realidad no estaba buscando nada, parece que estaba dejando pistas.-
-¿Pistas?-
-Si, verás, ella y yo somos muy románticos y cuando nos hacíamos sorpresas nos dejábamos pistas poco obvias y siento que esta fue una de sus pistas-
-¿Por qué?
-Las otras hojas que encontré eran hojas de su diario y un poema recién escrito, de hecho, está escrito con la misma pluma que la nota y al reverso de la misma, míralo-
- ¡Vaya! No lo había notado…es como si hubiera escrito muy rápido y suave.-
-Si, ese poema fue mi primera pista, conoces a Liz, ella nunca me dejaba leer un poema escrito por ella si no estaba perfecto. Ese tiene muchos errores, sin embargo, lo dejó en donde lo pudiera leer.
-¿Errores?
-Si, te los enseñaré
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